Las redes sociales constituyen un importante factor sociocultural que influye en gran medida en cómo nos sentimos respecto a nuestra imagen. De hecho, podemos ver aplicaciones como Instagram y Tik Tok aparecen repletas de contenidos donde abundan: rostros sin acné, filtros y cuerpos que suelen ser normativos. Por tanto, ¿cómo influye el uso de redes en nuestra imagen corporal? ¿Hasta qué punto merece la pena consumir este contenido?
Nuestra imagen corporal
La imagen corporal es lo que percibimos, pensamos y sentimos, y cómo actuamos en función de nuestro cuerpo. De esta manera, encontramos tres dimensiones:
- Dimensión perceptiva: Consiste en la precisión con la que se percibe el tamaño y morfología corporales, respecto a medidas objetivas como centímetros o kilogramos.
- Dimensión cognitivo-afectiva:Pensamientos y emociones vinculadas a la manera en la que percibimos nuestro cuerpo. Pensamientos del tipo: “debería adelgazar”, “no tendría que haberme puesto esto”, así como emociones tanto agradables como desagradables al percibir nuestro cuerpo.
- Dimensión conductual: Qué cosas hacemos en función de la forma en la que nos relacionamos con nuestro cuerpo. Quizás evitamos mirarnos al espejo, ir a un plan en el que se exponga el cuerpo más u optemos por vestir con ropa más holgada.
La insatisfacción corporal se aprende
La insatisfacción corporal no aparece de la nada, sino que es el resultado de la interacción de múltiples factores: la cultura, la industria de la belleza, la socialización del género, así como la transmisión de las presiones estéticas en la familia, la cultura, las redes sociales etc.
No obstante, también la insatisfacción es aprendida mediante nuestra historia de aprendizaje individual. Por tanto, está influida por cómo hemos aprendido a valorar nuestro cuerpo y el cuerpo de los demás a lo largo de nuestra vida: qué atributos se han alabado de nuestro cuerpo, cuáles no y qué atributos se alaban en cuerpos ajenos. Esto puede verse muy reflejado en las redes sociales, donde aprendemos qué consecuencias aparecen ante determinados tipos de cuerpos.
Por ejemplo, los comentarios despectivos que aparecen en las publicaciones si alguien muestra abiertamente su acné o su aumento de peso son ejemplos de aprendizajes que pueden darse mediante el uso de estas redes. De esta forma, es muy probable que si vemos este tipo de comentarios aprendamos que presentar esa serie de características no es algo deseable.
De igual manera, los influencers que vemos en redes sociales son uno de los principales contextos en los que podemos aprender las consecuencias de tener “X” figura. En este sentido, podemos asociar cuerpos concretos normalmente normativos a vidas “exitosas”, incluso aprendemos que las cuentas en las que aparecen cuerpos delgados tienden a presentar un mayor número de likes, por lo que de nuevo podemos sacar como conclusión que presentar ese tipo de cuerpos es lo deseable.
Existen estudios que demuestran que seguir cuentas centradas en el físico mantiene una gran correlación con conductas de vigilancia corporal. Esto resulta de gran importancia puesto que estas conductas de vigilancia pueden hacer más probable la aparición de problemáticas asociadas a la alimentación como los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria).
¿Qué podemos hacer al respecto?
- Las redes sociales como espacio seguro, no como fuente de malestar:una de las estrategias que podemos llevar a cabo es observar cómo nos sentimos con los perfiles que seguimos en redes ¿Me siento peor con mi cuerpo? ¿Cómo me afecta? Podemos considerar perfiles alternativos a los que seguir y que además su contenido también nos permita sentirnos mejor con nuestro cuerpo. Es importante revisar hasta qué punto sería conveniente dejar de seguir dichos perfiles porque recuerda: las redes sociales no tienen porqué ser una fuente de malestar.
- Evita el uso de filtros:La existencia de filtros que modifican nuestra cara puede resultar muy perjudicial puesto que hacen que no nos habituemos a nuestro propio rostro y, por tanto, lo hagamos con un rostro muy alejado de lo real. Lo ideal sería reducir el uso de filtros de una manera progresiva, de lo contrario lo más probable es que aparezca un problema de rechazo hacia nuestra propia imagen.
- Generar una mirada crítica: Las redes sociales son escaparates de muchas opciones de filtros e imágenes retocadas, que, aunque puedan parecer reales, en muchas ocasiones no lo son. Además, existen muchas cuentas de Instagram que viven a costa de su imagen, cayendo en dietas super estrictas o ejercicio excesivo. En este sentido, podemos pararnos a pensar: ¿Realmente me compensa dedicar tantas horas a mi físico? ¿Y tener esa alimentación? ¿Qué costes tiene compararme con estos perfiles? ¿Qué beneficios obtengo al hacerlo?
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Psicóloga en CLÍNICA LOTO. Mis experiencias en el contexto de la terapia han sido variadas, atendiendo diversas problemáticas tanto en población adulta como en población adolescente.


























